Ya somos felices, sin saberlo
Salvador Pániker describe en Cuaderno Amarillo una conferencia sobre la felicidad que le invitarón a dar en Menorca (por cierto, un destino más que recomendable).
Tomo nota de algunas de las frases que usa como sinopsis de su ponencia:
Lo que hay que hacer con la Felicidad es no buscarla. Ya dicen los budistas que el deseo del nirvana impide el nirvana. Y no hay que buscarla porque, sin saberlo, todos somos felices ya (...) la mayoría de las personas sufre por los esfuerzos que hacen por no sufrir.
Vivir el presente. Trascender el tiempo. Hemos generado un tiempo meramente mercantil, tiempo homogéneo y mesurable, vinculado a la venta del trabajo (...) Meditar es abolir el tiempo.
Yo lo planteo del siguiente modo: alguien abierto a la experiencia no pregunta por las razones de existir y el sentido de la vida. La preocupación por el significado de la vida no es tanto una cuestión filosófica cuanto el síntoma de que el flujo dinámico del vivir ha sido interrumpido.
Superar dualidades, especialmente la aberrante dualidad Trabajo/Juego: todo ha de ser, a la vez, trabajo y juego. Cabe entonces una cierta satisfación creativa en la vida profesional, en el arte/ciencia, en el amor (a veces, si hay suerte), contemplando un paisaje, escuchando una música (...)
Sonar suena muy bien. Pero intuyo que aprender a superar la dualidad trabajo/juego no ha de ser fácil si no le encuentras el lado juguetón al trabajo (en mi caso, no debería ser tan complicado, me siento afortunado).
Intuyo también que trascender el tiempo ha de ser más complicado. Mucho he de aprender aún para conseguir saborear más intensamente aquellos ratos en los que estoy realmente bien, aunque sea haciendo nada, que es ya hacer mucho... Los pocos instantes así que consigo recordar como realmente largos han sido siempre a unos cuantos metros de profundidad bajo el agua o estando con alguien a quien quiero mucho.
Y aprender a no sufrir intentando evitar sufrimientos es algo que, sonará pretencioso, creo que ya voy consiguiendo... no siempre.. sólo a veces... Basta con no hacerse expectativas acerca de los demás, de lo demás, ni de cómo uno mismo reacciona ante los/lo demás en según que circunstacias. En esas raras ocasiones, todo fluye más suave, y las consecuencias, si las hay, no suelen deparar nada malo para el que nada espera...



álvaro dijo
Muy interesante...
21 Febrero 2007 | 10:05 AM