La gran mentira que mueve el mundo
Acaba el puente del 1 de mayo, que en Madrid dura un día más, y después de unos agradables días entre paisajes verdes, gentes amables, acantilados, puertos y bosques, mañana volveré a la rutina laboral (interesante, estimulante, pero rutina al fin y al cabo).
Para este tipo de viajes cortos elijo libros breves, que sepa que más o menos podré leer enteros durante las cortitas vacaciones.
En este caso, A salto de mata , de Paul Auster , una breve autobiografía de cómo Auster inicia sus pasos como escritor. Un tema que para un eterno aspirante a escribir algo decente siempre resulta inspirador.
El autor retrata algunos de los personajes con los que compartió andanzas mientras se buscaba la vida de casi cualquier cosa para ir escribiendo. Describe por ejemplo cómo es una diferente concepción del dinero lo que acaba con el matrimonio de sus padres. Y si bien al inicio del relato Auster no se preocupa lo más mínimo por conseguir dinero si no es para ir subsistiendo y escribir, llega un punto en el que la falta de liquidez pone en riesgo repetidas veces lo que más desea: tener el tiempo necesario para escribir, huir de trabajos fijos y tener la soñada independencia del que vive de lo que escribe.
Por eso, y por muchas conversaciones recientes acerca de cuánto dinero es realmente necesario para vivir como uno desea (tranquilo, feliz, no hace falta tener una mansión y una cuenta en Suiza), he anotado la siguiente cita, extraída de la descripción de los alocados planes de un personaje que dilapida su herencia regalando el dinero e invitando a los demás a hacer lo mismo:
A fin de cuentas, el dinero es una ficción, papel sin importancia que sólo adquiere valor porque un gran número de personas deciden dárselo. El sistema se basa en la fe. No en la verdad, ni en la realidad, sino en la creencia colectiva. ¿Y qué pasaría si esa fe fuera socavada, si un gran número de personas empezara a dudar del sistema? Teóricamente, el sistema se derrumbaría.
Tan utópico como relajante durante un ratito, como esas conversaciones con los amigos acerca de qué haría uno si le cayera una buena millonada en la Primitiva. Ratito que sirve para coger fuerzas y seguir un poco más con la fe de que el dinero pueda servir para algo, y también la fe de que siempre hay una posibilidad, por remota que sea, de que caiga la millonada. Después de unos días de paz y turismo rural, apetece mucho más que se materialice la segunda fe en forma de seis aciertos y traigan la tranquilidad de poder arriesgar en otros proyectos más relajantes, útiles, edificantes y divertidos. Uno no tiene la valentia de Auster en sus inicios...
