¿Desarrollo económico=mayor felicidad?
De la lectura de El País de hoy me quedo con una breve entrevista, y de mi ciberpaseo por blogs ajenos, con un vídeo. Ambos tienen cierta relación...
Borja Vilaseca entrevista en el suplemento de Negocios a Clive Hamilton, director de The Australia Institute (no he encontrado el texto en la versión on line para poneros el link). Clive es autor del libro El fetiche del crecimiento (editorial Laetoli).
La idea de fondo del discurso de Clive es denunciar la falsedad de que un crecimiento económico aporta un crecimiento en felicidad. Defiende más bien lo contrario. El título y subtítulo de la entrevista son:
El crecimiento económico se sustenta gracias a la insatisfacción de la sociedad
La publicidad y el "marketing" fomentan un consumo vacuo
Clive explica que en los países desarrollados hemos pasado de ser ciudadanos a ser consumidores, y que la mayoría relacionan (¿relacionamos?) su felicidad con el consumo de mercancias.
La siguiente respuesta no tiene desperdicio:
El crecimiento económico destruye muchas de las cosas que sí satisfacen a las personas: fomenta un consumismo vacuo, degrada la naturaleza y genera relaciones personales individuales y competitivas. Además, vende objetos externos como la riqueza, la fama o la belleza, que también están vacíos.
Imagino que la primera respuesta que se os ocurre es la misma que a mí: nada nuevo, todo eso es muy bonito, pero no esta el horno para meternos a hippies. Y lo del turismo rural está muy bien, pero se acaba cuando se acaban las vacaciones. Me pregunto qué pensaría si en lugar de tener la suerte de estar en
Madríd hubiera nacido en alguna aldea africana o asiática...
En todo caso la alternativa de Hamilton es mucho más elaborada, por supuesto. Habrá que darle una vueltecita más detenidamente. Dice:
propongo que el sistema desarrolle el concepto de eudemonía, desarrollado por Aristóteles para plasmar la idea de la felicidad derivada de la realización plena de las capacidades humanas. Este modelo aboga por una organización de la sociedad que fomente entre sus ciudadanos metas intrínsecas dirigidas a desarrollarse personalmente, mantener relaciones más estrechas o ayudar a los demás. Sé que supone un profundo desafío para el capitalismo actual, pero yo me pregunto: ¿qué es preferible, potenciar una sociedad materialmente rica e infeliz o iniciar el cambio hacia una más austera pero también más plena?
(Más sobre eudaimonia). La pregunta no está mal. Si además te estás preguntando ¿es eso posible? o ¿qué hago yo mientras tanto? o ¿aplica entre tanto lo de pensar globalmente y actuar localmente? es cuando tienes que ver el vídeo del que hablaba en el principio.
No se trata del típico powerpoint buenrollista pero ñoño, o de las frasecitas poéticas de libro de autoayuda ilustradas con paisajes bonitos. Va un poco más allá.
Lo he visto en el blog de mi amigo Luciérnago , acércate a echarle un vistazo, te va a gustar...


diego dijo
Hola. En primer lugar agradecerte la reseña de un tema que no suele ser nada tratado.
Pero te recomiendo y recomiendo a tus visitantes que no se quedan en la entrevista de El País digital, y lean el libro, para comprender bien las críticas y propuestas del autor.
Dices. "Me pregunto qué pensaría si en lugar de tener la suerte de estar en
Madríd hubiera nacido en alguna aldea africana o asiática". El autor en su libro repite varias veces que el crecimiento económico es necesario en los países pobres, donde las necesidades básicas (comida, alojamiento) no están cubiertas. Pero ha dejado de ser necesario, y es perjudicial en nuestras sociedades occidentales de sobreabundancia, porque nos despista de las cosas que en realidad hacen felices a los seres humano, y que una vez cubiertas esas necesidades básicas, no tienen que ver con el dinero y la abundancia material o de fama.
Por ejemplo dices "no esta el horno para meternos a hippies". Cada cual sabrá cómo está su horno :-) En ningún caso el autor propone que nos metamos a hippies, e incluso creo recordar que critica cómo muchos de los antiguos "revolucionarios del 68" ahora ocupan cómodos despachos y tienen un deportivo flamante a la puerta de casa.
Yo diría más bien: no está el horno del Universo como para desperdiciar nuestra única vida detrás de pensamientos fetiches que se han colado en nuestra cabeza sin haberlos sopesado serenamente, detrás de deseos vacíos que todos aceptan como la meta humana, cuando todo parece indicar que la felicidad humana no está en ese camino.
Todo esto puede sonar muy bonito como tú dices, mero blablabla para pasar el rato, pero aseguro que en mi caso intento vivir en coherencia con los pensamientos que tengo. Mi propia vida ya lleva tiempo "decreciendo económicamente", menos trabajo, menos consumo, menos aceptar lo que hace todo el mundo, para descubrir lo bello que puede ser vivir cuando uno empieza a tener claro por dónde anda suelta la felicidad.
Perdón por la txapa!
Para más información muchos de los artículos de mi blog.
Un cordial saludo
31 Julio 2007 | 02:37 PM