Inteligencia emocional y Aikido
En mi lectura de Inteligencia Emocional , de Daniel Goleman, tropiezo con un ejemplo en el que se cita a dos maestros de Aikido , arte marcial que practico con poco arte por mi parte y menos dedicación de la que debiera.
Goleman explica que un amigo suyo, precursor del Aikido en los Estados Unidos, Terri Dobson , estaba de viaje en japón. Viajando en metro, un enorme japonés con copas de más estaba importunando a los viajeros con empujones y mamporros, tanto que Dobson se planteó intervenir con Aikido para detener al hombre antes de que hiriera a nadie.
Cuando ya se encaraba con el ebrío, un anciano que presenciaba también la escena contuvo al violento hombre a través de una conversación con él. Empatizando y preguntando, consiguió calmar al hombretón borracho que dejó de meterse con todo el mundo. No sólo eso, el borracho acabó buscando consuelo en el anciano, explicándole qué le hizo sentir tan mal como para acabar así.
Ese es el verdadero sentido del Aikido y también un excelente ejemplo práctico de la utilidad del dominio de la inteligencia emocional. Goleman cita al fundador del Aikido y maestro de Dobson, Morihei Ueshiba:
"El Aikido es el arte de la reconciliación y quien lo considere como una lucha romperá su conexión con el Universo. En el mismo momento en el que tratas de dominar a los demás, estás derrotado. Nosotros estudiamos la forma de resolver los conflictos, no de iniciarlos".
