Cuestión de actitud (III)
Mis amigos de shiatsu ya estudiaron de la mano de un médico cómo y por qué el estado anímico tiene una influencia importante en nuestra de salud. Quienes están preocupados o tensos constantemente, acaban
enfermando casi siempre. Muchas contracturas musculares se generan por una tensión emocional o nerviosa. Por eso el shiatsu trabaja todo el cuerpo y de diferentes maneras, no necesariamente presionando la zona dolorida. Las prácticas orientales relacionadas con la salud buscan ayudar al equilibrio, no quedarse en un efecto paliativo de los síntomas.
En este contexto, leo en “Cara a cara… ” una
entrevista que profundiza bastante en este aspecto, la que Punset hace al endocrinólogo Deepak Chopra . Dice por ejemplo:
la fisiología, el sistema autoinmune, el sistema nervioso, el endocrino e incluso la conducta están influenciados por el estado de conciencia. Si se tiene un estado de conciencia temeroso, el nivel de inmunidad será muy bajo, no funcionará bien.

Mi idea es que centrarse en algo conlleva volverlo más sólido (...) Si quieres mejorar tu salud, no debes pensar en la enfermedad ni sus mecanismos (...) La salud es la ausencia de enfermedad, un estado de felicidad, creatividad, vivacidad, vitalidad... Bienestar físico, emocional y espiritual, en definitiva.
Chopra tiene seguidores fervientes y detractores
escépticos precisamente por llevar hasta el extremo esta filosofía, heredada en parte de las culturas orientales. No voy a entrar en ese debate, pero dejo un cabito aquí por si a alguien le interesa tirar de él:
El cuerpo humano ha evolucionado durante millones de años y ha desarrollado procesos internos de curación (...) El cuerpo humano es la mejor farmacia que pueda existir: sintetiza tranquilizantes, sustancias para dormir, anticuerpos, células inmunitarias, fármacos contra el cáncer y antiinflamatorios. Si surge una necesidad, el cuerpo lleva a cabo la síntesis correcta, en el momento correcto, para un órgano concreto y sin efectos secundarios.
Más que entrar en el poder curativo de la mente, un
tema complejo a medio camino entre la ciencia y la fe, me interesa mucho más darle una vuelta a cómo la actitud que uno tiene no sólo influye en sus
posibilidades de acabar con una úlcera, una alopecia galopante o algo más serio. También nos empuja a veces a hacer los problemas más grandes de lo que
en realidad son.
Al mismo tiempo, es literalmente imposible, o
irresponsablemente ingenuo, adoptar un rol de santo inasequible a los disgustos. No sirve quedarnos en un fingido papel de monje zen al que las trastadas del día a día no afectan en absoluto. A los que se empeñan en querer ver sólo lo que les viene bien (y conozco a un par de ellos) y a los que parecen incapaces de abordar los problemas por el método de negar que tales problemas existan o sean responsabilidad del mensajero que los anuncia, les iré enviando la siguiente cita de la misma entrevista:
Pensar es un proceso espontáneo, como respirar. Querer tener pensamientos positivos y evitar los negativos hace que los negativos se vuelvan más intensos, y se acumula mucho estrés. Es decir, la voluntad de pensar sólo en positivo es muy estresante. Es necesario no pensar en todo a la vez y crear un estado de tranquilidad vital y de calma interior. Si el cuerpo y la mente están calmados, la inteligencia interior surge del cuerpo espontáneamente.”
Es una buena sugerencia.
