Momentos especiales en pequeños espacios
El concierto de ayer fue muy especial. En una tarde lluviosa y desapacible, en un auditorio perdido en medio de la nada, un Brett Anderson inspirado se entregó guitarra en mano a un público reducido y fiel. Una viola le acompañaba. También los susurros de los más acérrimos fans, murmurando apenas las letras de los estribillos. De froma casi inaudible, absortos en su letanía, como para no romper el encantamiento. Sólo un "I love you" escapó más alto, en los aplausos, sin molestar...

Cuando el señor Anderson explicaba que la siguiente iba a ser la última canción del concierto, dijo también que era la última del año. Agradeció la atmósfera creada, invitando a los presentes a levantarse de los asientos y aproximarse al escenario. Más intimidad, más cercanía. Luego cantó:
Maybe, maybe
its the things we say,
The words we've heard
and the music we play
La última vez que había escuchado esa canción no fue en un recogido y cálido escenario, con sólo una guitarra y la delicada voz de Anderson. Fue en el FIB , con 30.000 personas botando al otro lado del foso de prensa, y con el mismo Anderson saltando sobre los altavoces. Iba a decir la ñoñez de que con talento, una misma canción puede ser muy diferente según cómo y dónde suene.
Me quedo con la atmósfera de lo pequeño y cálido, de lo cercano. Y buscando ese ambiente empiezo hoy mis vacaciones, que pasaré en familia. Lo explica mejor Houellebecq en "Las partículas elementales":
En medio de la gran barbarie natural, los seres humanos han conseguido a veces (pocas) crear pequeños lugares cálidos que irradian amor. Pequeños espacios cerrados, reservados, donde reinan el amor y la subjetividad.
Os deseo que encontréis un espacio como ese estos días, y que sea un espacio vuestro o para vosotros.
Felices fiestas a todos


Edu dijo
Mola la cronica. Estoy de acuerdo en que la intimidad ayuda a la musica.
23 Diciembre 2007 | 07:16 PM