Transplantando palmeras
Este post va a ser un off topic total. Tanto anglicismo viene a decir que lo que voy a escribir hoy no tiene nada que ver con ninguna lectura, sino con un trabajo de campo, nunca mejor dicho. En todo caso, refiero esto aquí por que encaja con el ánimo ecologista que en muchas ocasiones he querido mostrar en este blog.
Cuando adquirí mi pisito con jardín, de segunda mano, me encontré con algunas cosas ya plantadas. Una de ellas era una doble palmera del tipo phoenix canario, que en principio le daba un toque exótico al patio. Pero los años han ido pasando y las palmeras se habían hecho tan enormes que se comían casi toda la luz, para fastidio del resto de plantas y de algún vecino.
Aprovechando unas reformillas, pensé en cómo poder quitar las palmeras sin que se dañaran: no están las cosas como para talar árboles, más bien lo contrario, hay que plantar más. A través de Internet encontré a Marc, un simpatiquísimo y más que apañado señor que disponía de más espacio que yo y a quién le encantan las palmeras. Pronto nos pusimos de acuerdo: las transplantaríamos de mi jardín al suyo, en una localidad vecina. Para moder moverlas, primero Marc hizo una buena limpieza de ramas superfluas: eso aliviaría peso y restaría posibilidades de pinchazos, que nos llevamos de todas maneras...

La siguiente tarea fue separar los dos trocos de las palmeras: habían crecido pegaditas, pero moverlas en bloque era algo que estaba fuera de nuestro alcance... Nos llevó una horita larga irlas separando con cuidado, sierra, paciencia y maña... Nótese el escaso volumen de las raíces para unas palmeras cuyas ramas alcanzaban los siete metros de altura...

Otro reto interesante: para llegar a la calle tuvimos que salvar un muro de casi dos metros. Para ello levantamos los troncos a pulso entre cuatro personas en dos etapas: del suelo a un banco de carpintero, y de allí a la parte superior del muro. Que las palmeras pesaban lo suyo lo atestigüa que las patas del banco quedaron dobladas y su superficie partida...

Luego, cargamos las palmeras en el remolque, y forramos las hojas para evitar que sufrieran daños en el transporte.


Y el último reto: el plan inicial era doblar las ramas sobre sí mismas para que sobresalieran del remolque lo mínimo que permiten las normas de tráfico, pero fue tarea imposible. La única manera de moverlas de forma segura fue finalmente recurrir a un camión...

Finalmente, con gran esfuerzo final por parte de Marc y su buen y muy currante amigo, las palmeras quedaron instaladas en su jardín, donde gozaran de más luz y buenos cuidados. Estamos todos esperanzados en que les gustará su nueva ubicación y seguirán creciendo...

Y antes de despedirme por hoy, envío desde este blog un fuerte abrazo y un enésimo agradecimiento a Marc, con mis deseos de que disfrute de las palmeras muchos años :-)


lafullpicture dijo
Que barbaridad y que maravilla! una cosa es escucharlo y otra verlo, pedazo palmeras! que buen trabajo.
1 Marzo 2008 | 09:44 AM