El viaje a la felicidad
El título de este post es también el del libro de Eduard Punset que tengo entre manos. Más que recomendable.
Punset explica que la mayor esperanza de vida en nuestra especie produce un tiempo redundante, décadas en el mejor de los casos, que no se destina ya a la simple supervivencia, a la satisfacción inmediata de una necesidad imperiosa. Ese tiempo extra nos permite el lujo de plantearnos no sólo subsistir, sino ser felices. El libro explora las respuestas científicas a esa búsqueda de la felicidad y sus condicionantes. No es tanto un libro filosófico al uso, sino más bien un compendio de entrevistas y de referencias científicas que quieren explicar qué es eso de la felicidad exactamente y cómo podemos alcanzarla.
Estoy seguro de que va a dar mucho acerca de lo que escribir en este blog, pero empezaré por algunas definiciones especialmente llamativas, sobre todo por lo reales y certeras que resultan:
he de confesar que lo único verdaderamente importante es que la felicidad es la ausencia de miedo.
Desde un punto de vista si se quiere puramente biológio o etológico, para cualquier ser vivo el no stress, la no presión, el no miedo es el estado ideal al que aspirar. No deja de ser totalmente aplicable a las personas: uno es feliz en realidad cuando no tiene preocupaciones, cuando no se siente vulnerable o en peligro. Tan sencillo como eso. Y por ende:
Cualquier búsqueda de la felicidad que dependa exclusivamente de las consabidas interacciones con el dinero, el trabajo, la etnia o la salud está condenada a fracasar estrepitosamente.
Claro. Lo verdaderamente importante son otraa cosa. Otra afirmación sobre la que vale la pena reflexionar:
En la búsqueda, en la expectativa, radica la mayor parte de la felicidad.
Para entender la anterior frase, Punset explica sus observaciones con su perra: el animal brinca de alegría cuando Eduardo va a llenarle su plato de comida, pero cuando ya está comiendo no demuestra esa excitación: lo que provoca su alegría no es tanto la satisfacción de la necesidad en sí, sino la expectativa de esa satisfacción. Resumiendo mucho, podríamos decir si he entendido bien a Punset que controlar las expectativas sobre lo que uno desea es tan importante como conseguir materializar esos deseos. Idealizar una situación futura por la que se está luchando llevará al desengaño de no sentirse tan feliz como uno pensaba al conseguirlo, y por lo tanto, a la necesidad de una nueva búsqueda. Un círculo que seguro nos tiene o nos ha tenido atrapados a muchos. La escapatoria, intuyo, es saber disfrutar de lo que ya tenemos, o de la búsqueda de lo que nos apetece o necesitamos conseguir. ¿Qué necesitas realmente? Una buena pregunta, creo...
Sobre la relación con las expectativas y la felicidad, tropecé con otra cita que vale la pena en el libro "Haciendo la Contra 2", donde Ima Sanchís entrevistaba a Mario Benedetti, y este le decía:
En mi novela La tregua , uno de los personajes dice: "la gente pone la felicidad tan alto, tan alto, que la hace inalcanzable". Hay que intentar ser modestos con la felicidad.
¿Me estoy poniendo expectativas muy altas acerca de cómo de feliz seré cuando consiga lo que sea? ¿Estoy idealizando demasiado algunas situaciones futuras? ¿O sé disfrutar de las cosas pequeñas y del camino que ha de llevarme a otras que me apetecen? Hay que darle una vueltecilla...



pezdeciudad dijo
he de confesar que lo único verdaderamente importante es que la felicidad es la ausencia de miedo.
Esta me impactó tanto que siempre va anotada conmigo en un papel, para recordarla y reflexionar en cada instante que aparece el miedo.
Yo si me pongo las expectativas demasiado altas, y al idealización del futuro y yo somos uno!!!! el libro es muy recomendable la verdad!!!
29 Junio 2008 | 12:09 PM