Matapalabras
Los que me conocen saben de mi afición a jugar con palabras. Uno de esos pequeños placeres cotidianos es dar con el término más preciso para definir algo, engarzar los sentidos opuestos de una frase y jugar con ellos. Durante un tiempo hice varios crucigramas cada dÃa, leo casi todo lo que me cae entre manos y aún y asà me falta tiempo para leer todo lo que quisiera. Una afición que tuvo su momento rentable, que explica mi formación periodÃstica, pero que a veces se convierte en una opresión angustiosa cuando recuerdas que no podrás leer todo lo que quisieras. No lo explico por presumir, por que estoy muy lejos aún de alcanzar ese talento que permita engarzar ya no unas frases, sino unas páginas en forma de relato interesante. Lo digo sólo por dar contexto y explicar por qué me gustó tanto este personaje de "La vida instrucciones de uso" de Georges Perec.

Cinoc, que tenÃa a la sazón unos cincuenta años, ejercÃa una profesión curiosa: como decÃa él mismo, era "matapalabras": trabajaba en la actualización de los diccionarios Larousse. Pero, mientras otros redactores se dedicaban a la búsqueda de voces y significaciones nuevas, él, para dejarles sitio, debÃa eliminar todas las palabras y acepciones que habÃan caÃdo en desuso.
Cuando se jubiló, en mil novecientos sesenta y cinco, después de cincuenta y tres años de una labor escrupulosa, habÃa hecho desaparecer cientos y miles de herramientas, técnicas, costumbres, creeencias, dichos, manjares, juegos, apodos, pesos y medidas; habÃa borrado del mapa decenas de islas, centenares de poblaciones y rÃos, millares de cabezas de partido; habÃa relegado a su anonimato taxonómico centenartes de tipos de vaca, especies de pájaros, insectos y serpientes, peces un poco especiales, variedades de moluscos, de plantas no del todo idénticas, tipos particulares de frutas y verduras; habÃa hecho desvanecerse en la noche de los tiempos a cohortes de geógrafos, misioneros, entomólogos, Padres de la Iglesia, literatos, generales, Dioses & Demonios.
Juguemos con los verbos antes de que se pierdan, dibujemos en el aire esa verba volant, plasmemos en papel (o en cibertextos) ese scripta manent de lo que consigamos crear con los retales de nuestra visión del mundo...
