"Yo sé, y tengo las pruebas"
La frase del titular de este post es el mejor resumen que pueda hacerse de "Gomorra" el libro de Roberto Saviano. Su descarnada descripción de los mecanismos de la Camorra le han valido muchas cosas: el reconocimiento de compañeros de profesión, premios de todo tipo y la amenaza de muerte de aquellos a los que describe y denuncia. Saviano sabe, y tiene las pruebas.
Violencia, extorsión, crimen y un sistema social y económico al margen del Estado. Que utiliza al Estado o a sus instituciones cuando las puede comprar, y que lo ignora por completo cuando no es utilizable. Y todo eso pasa en Europa. No ya en Nápoles, sino aquí mismo, en Barcelona, en Málaga, en Madrid. Hoy mismo, El Pais entrevista a Saviano:
Roberto Saviano ha asegurado que la idea sobre la cantidad de dinero que blanquea la mafia en España se puede obtener del hecho de que en diez años han sido detenidos en el país diez jefes de esta organización. Aunque, además, ha denunciado que hay más mafiosos rusos e italianos que "están huidos de la justicia" y viven sin problemas y con normalidad en España, pero que parecen no ser un problema porque "no han hecho ningún daño aparente". "Cuando decidan matar, España actuará de forma más contundente contra ellos y se conocerá hasta qué punto las organizaciones mafiosas están presentes en este país", ha advertido.
Gomorra es el retrato que hace Saviano de cómo la corrupción, las drogas y las armas lo invaden todo en la Italia meridional. Provoca espanto primero, preocupación después y arcadas si uno reflexiona. El valor tan relativo y tan barato no sólo de las vidas de personas, sino de paisajes enteros, de la salud de las futuras generaciones hipotecadas por vertederos de todos los residuos imaginables. Todo vale si da dinero.
Un libro bien escrito, documentado al detalle. Hay que tener mucho valor para escribir, y para publicar, un libro como éste. Que menos que leerlo. Lo que no sé es qué puede hacerse después de haber leído la última página... Saviano sabe, y tiene las pruebas. Y ahora, ¿qué? ¿Creemos que alguien como Berlusconi va a poder hacer algo al respecto? ¿El problema es la pérdida total de los valores más primarios? ¿O es la exportación-globalización de ese modelo lo que más debería preocuparnos?
Algunos fragmentos de un libro imprescindible para tomar una bocanada de cruda realidad:
Creemos estúpidamente que, por alguna razón, un acto criminal debe ser más premeditado y deliberado que un acto inocuo. En realidad no hay diferencia. Los actos poseen una elasticidad de la que los juicios éticos carecen.
No existe nada en el mundo, orgánico o inorgánico, objeto metálico u elemento químico, que haya causado más muerters que el AK-47. El kalashnikov ha matado más que la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, que el virus del sida, que la peste bubónica, que la malaria, que todos los atentados fundamentalistas islámicos, que la suma de muertos de todos los terremotos que han sacudido la corteza terrestre. Un número exhorbitante de carne humana imposible de imaginar siquiera. Solo un publicista logró, en un congreso, dar una descripción convincente: aconsejaba que para hacerse una idea de los muertos producidos por la metralleta llenaran una botella de azúcar, dejando caer los granitos por un agujero en la punta del paquete; cada grano de azúcar equivale a un muerto producido por el kalásnikov.
(...) como por ejemplo , el célebre índice "Big Mac", que considera más próspero un país cuanto más caro cuesta un bocadillo en los McDonald. En cambio, para evaluar la situación de los derechos humanos, los analistas observan el precio al que se vende el kaláshnikov. Cuanto más barata sea la metralleta, más se violan los derechos humanos, más corrompido se halla el Estado de derecho, y más podrido y arruinado está el armazon de los equilibrios sociales. En África occidental, el precio del arma puede llegar a los cincuenta dólares. En Yemen es posible encontrar AK-47 usados de segunda y tercera mano incluso a seis.
La Camorra -llevándose una enorme tajada del mercado internacional de armas- determina el precio de los kaláshnikovs, convirtiéndose indirectamente en juez del estado de salud de los derechos humanos en Occidente.
El sur de Italia es la terminal de todos los residuos tóxicos, los restos inútiles, la escoria de la producción. Si los desechos que escapan al control oficial -según estimaciones de la asociación ecologista Legambiente- se unieran en un solo montón, su conjunto formaría una cordillera de catorce millones de toneladas: practicamente como una montaña de 14.600 metros de altura con una base de tres hectáreas. Piénsese que el Mont Blanc tiene 4810 metros y el Everest, 8.844, de modo que esa montaña de residuos que han escapado a los registros oficiales sería la mayor existente en toda la tierra.
